viernes, 10 de febrero de 2012

Convivencia en Loredo

Los días 26, 27 y 28 de enero nuestro grupo de confirmación participó en una convivencia  en el albergue de Loredo perteneciente a la red de albergues de la Diputación. El grupo de responsables organizó una serie de actividades para fomentar la amistad y la comunicación dentro nuestro ideario cristiano de formación. Este plan también incluyó la visita a nuestro obispo D.Vicente y  a la cocina económica donde fuimos muy bien recibidos. La visita a nuestro obispo coincidió con el día de su cumpleaños, nos acogió con mucha amabilidad contestando a nuestras preguntas y nosotros por nuestra parte le cantamos "cumpleaños feliz".
También visitamos las instalaciones de la Cócina Económica donde fuimos recibidos con mucha amabilidad por su responsable, la hermana Asunción hija de la Cáridad, quien nos mostró las dependencias y nos informó de todas las actividades que se realizan en favor de las personas que acuden en busca de ayuda.





jueves, 9 de febrero de 2012

VI Domingo Ordinario

VI Domingo Ordinario

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús curando a un leproso. A primera vista podemos pensar que se trata de un milagro más, de uno más de tantos que Jesús hizo porque era Dios y tenía poder para hacerlo; sin embargo hay muchos matices que no podemos dejar pasar.
En primer lugar se trata de un leproso, una persona con una enfermedad contagiosa, al que ni siquiera se le podía tocar, un ser considerado impuro, maldito, condenado a vivir solo, aislado de los demás, cuya enfermedad era vista como fruto del pecado y por tanto ha de cargar con el castigo de Dios.
Jesús podía haberse dejado llevar por estos prejuicios sin dar pie al escándalo, sin embargo su actitud y su mirada es muy distinta a la de los demás. Se detiene, se fija en él y lo toca, algo impensable en aquel tiempo; de manera que no solamente le cura de su enfermedad sino que lo vuelve a incorporar de nuevo a la comunidad, devolviéndole así la esperanza y también la dignidad.
El favor que Jesús hace a este hombre es impagable, es una persona que ha experimentado la salvación no solamente en el cuerpo sino también en el espíritu, no es extraño que no pueda callar ¡ cómo callarse ante una presencia de Dios tan fuerte !
De cara a nuestra vida cristiana este Evangelio puede tener para nosotros dos consecuencias muy importantes si las queremos admitir:
En primer lugar que por nuestra condición de pecadores, algo que no podemos negar, también nosotros nos podemos considerar enfermos; de hecho muchas veces vivimos como alejados de Dios, apartados de El, buscando la felicidad fuera de él, y aunque a veces nos parezca que se puede vivir perfectamente como si Dios no existiera, lo cierto es que no acabamos de ser felices del todo, nos falta algo y a veces no sabemos qué. ¡ No deberíamos recapacitar como aquel hijo pródigo y volver de nuevo a la casa del Padre !. En la casa del Padre es donde está la verdadera alegría, lo que de verdad necesitamos, pero... ¡ hay que acercarse ! como el leproso
En segundo lugar Jesús nos invita hoy a tener una mirada distinta, a no dejarnos llevar por lo que piensa y opina todo el mundo. Los leprosos de hoy son todos aquellos a los que la sociedad mira con asco, con miedo o con indiferencia: drogadictos, alcohólicos, enfermos de sida, negros, marroquíes..etc
Ser cristiano no consiste solamente en venir a misa, ser buena persona y ayudar a los demás. El cristiano se distingue también por pensar, sentir y mirar al estilo de Jesús, que no siempre coincide con lo que hace la mayoría que no conoce a Dios.
Ser cristiano al estilo de Jesús, no resulta fácil, lleva tiempo. La eucaristía que celebramos todos los domingos es el mejor camino para llenarnos de Jesús, de su palabra, de su testimonio, de su presencia. Que la vivamos siempre a fondo y que encontremos aquí la fuerza que necesitamos para vivir la fe y no perder nunca la esperanza, la alegría y la paz, aún en los momentos más difíciles.

jueves, 2 de febrero de 2012

V Domingo Ordinario

V Domingo Ordinario

El Evangelio que escuchamos hoy nos presenta a Jesús en plena actividad misionera, le vemos en la sinagoga, en casa de Pedro, en la calle, en descampado, recorriendo los pueblos y aldeas de Galilea, predicando el Reino de Dios.
Su paso por estos lugares no deja indiferentes a las personas. La presencia de Jesús libera, cura, transmite esperanza, levanta a quienes permanecen inmóviles. Jesús da vida.
Una vez más y a través de este testimonio, descubrimos que Cristo es la única clave que tenemos para alcanzar la salvación, el único que puede sacarnos de la rutina y el desencanto. El único que puede liberarnos de la esclavitud del pecado que se manifiesta en la tristeza y la desesperanza, es decir, de todo aquello que nos impide vivir la vida en plenitud.
Precisamente la suegra de Pedro, es le prototipo de la persona, enferma, que permanece postrada, inmóvil, incapaz de amar y servir. Su encuentro con Cristo la libera de su situación, siente de cerca la cercanía y el reconocimiento humano del Señor que la toma de la mano y la cura de su enfermedad.
Pensemos si muchas veces también nosotros, no estamos en la vida como la suegra de Pedro, postrados, incapaces de hacer nada, ni por nosotros ni  por los demás. Es la enfermedad del espíritu que se traduce en tristeza, apatía, desesperanza, falta de motivación para vivir.
Cristo, médico de nuestras almas, es el que de verdad puede sacarnos de esta situación, si le dejamos entrar en nuestra vida, si le dejamos entrar en nuestra casa y no huimos de su contacto.
Vivimos en una sociedad en la que el hombre pone toda su fe en los remedios de la ciencia, torpemente pensamos que los males pueden curarse a base de recetas y medicamentos. Pero las enfermedades del espíritu no se curan con los remedios del cuerpo, necesitan otro tipo de tratamiento. La seguridad social nos podrá curar o aliviar los males físicos, pero para las enfermedades del espíritu habrá que buscar remedios espirituales.
Si Cristo, médico de nuestras almas, tuviera hoy que darnos una receta, esta sería muy sencilla: " menos pastillas, menos recetas y más fe, más acercamiento a su Palabra, que como dice el canto nos da vida ". Y siguiendo en esta misma linea del canto el único precio a pagar es la confianza. Quien no se acerca a Jesús con confianza difícilmente experimentará la sanación que el nos ofrece.

jueves, 26 de enero de 2012

IV Domingo Ordinario

IV Domingo Ordinario
La Palabra de Dios que escuchamos hoy nos ayuda a descubrir como Dios, desde los comienzos de la historia, ha querido hacerse presente en la vida de los hombres para darnos a conocer su plan de salvación e invitarnos a vivir su misma vida.
Para ello ha querido servirse de los hombres para ayudar a los hombres. En la primera lectura que hemos escuchado se nos presenta el testimonio de Moisés “el gran amigo de Dios”; de quien se sirvió para sacar de la esclavitud y la opresión al pueblo de Israel cuando estaba bajo el poder de los egipcios.
Moisés en aquel tiempo se comportó como un gran profeta, pues actuaba en nombre de Dios, y también como un gran servidor de sus hermanos.
Pero el más grande de todos los profetas, de todos los enviados de Dios fue sin duda Jesucristo. El fue el que mejor nos explicó como es Dios, de que manera nos ama y cual es la vida a la que nos llama y el destino que nos tiene preparado.
En el Evangelio de hoy le encontramos predicando en la sinagoga (lugar de oración para los judíos), hablando con autoridad y haciendo frente a los poderes del mal que oprimen y esclavizan al ser humano. El es el nuevo Moisés, porque también salva y libera a todo el que se acerca a él, de todo aquello que nos pone en enemistad con nosotros mismos, con Dios y con los hermanos.
Ante Cristo Jesús todos nos podemos considerar enfermos, necesitados de curación, porque a diario sufrimos en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu la opresión del mal y del pecado que con frecuencia nos enfrenta y nos enemista.
Hoy Cristo Jesús sigue llamando a todos para que colaboremos con él en hacer realidad el plan de Dios, para hacer frente a las fuerzas y a los poderes del mal que tanto afligen este mundo y nuestras vidas.
A lo largo de la historia, de asambleas como esta en la que estamos, han salido vocaciones sacerdotales, religiosas, misioneras, padres y madres de familia que se han esforzado en educar a sus hijos en la fe y que han puesto se pequeño grano de arena para que nuestro mundo sea mejor, tal y como Dios quiere.
Que como decía el salmo “ ojalá escuchemos hoy su voz”, ojalá prestemos oídos a esta invitación de Jesús a ser sus colaboradores, a no cansarnos de obrar el bien y hacer posible que el plan de Dios, su reino de amor siga adelante.

jueves, 19 de enero de 2012

III Domingo Ordinario

III Domingo Ordinario
Mc 1,14-20
Este relato consta de dos partes una primera el anuncio del Reino de Dios y la llamada a la conversión para poder acogerlo. Una segunda parte es la invitación de los primeros discípulos a seguirle para ser testigos y anunciadores de su Reino.
Este anuncio de Jesús lo necesita nuestro mundo y nuestra Iglesia .La situación de crisis económica y de valores nos conducen al pesimismo, arrinconan a los más débiles, destruyen nuestra esperanza. Hemos de encontrar la luz en Jesús, El es, más que nunca, la esperanza de los pueblos.
“Venid conmigo”, dijo Jesús a Pedro y Andrés, a Santiago y Juan. Y nos lo dice también a nosotros, seréis mis confidentes, mis discípulos, mi familia. No me fijo ni en tu edad ni en tu cultura. Me fijo en tu corazón, en tu generosidad, en tu bondad sincera y en tu valentía.

viernes, 13 de enero de 2012

II Domingo Ordinario

La fiesta de Navidad concluye con el Bautismo del Señor. Acabamos de regresar de nuevo al Tiempo Ordinario que se interrumpirá con el rito de la imposición de la ceniza para dar paso a la Cuaresma. En este segundo domingo del tiempo ordinario volveremos a escuchar el testimonio del apóstol Juan que nos señala a Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

II Domingo Ordinario
JN 1,35-42.
Juan nos presenta hoy la vocación y la respuesta de los primeros apóstoles. De hecho este domingo empezamos una serie de días en que iremos reafirmando nuestro compromiso de conocer y seguir a Jesús. Un camino que pasa por el cambio de vida: la conversión. Miremos hoy la presentación que nos hace Juan Bautista. El tenía muy bien enseñados a sus discípulos para que cuando encontrasen a Jesús le abandonasen a él y siguieran a Cristo. Después escucharemos sus primeras palabras: ¿Qué buscáis?”. Pensemos en las posibles respuestas que hoy nosotros daríamos a esta pregunta de Jesús.